Llama, a lo lejos llama. Lo siento en las venas. Esta semana ha sido una semana de nostalgia, de soledad, de reencuentros. El jueves me dieron una alegria increíble, un antiguo compañero que está destinado en otro barco se encontró con unos cursos míos. Hablaron de muchas cosas y salió mi nombre, y terminaron llamandome para saludarme. Mi compañero era Manjón y mis cursos son William, el chino, y Sergio el de Chiclana. Y volver a hablar con ellos, reencontrarme con ese cariño de tantas cosas compartidas, fue lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.
Tengo dos vidas. Una vida la hago de uniforme y la otra vestido de cualquier manera. Mi vida de uniforme tiene casi de todo y me llena a tope. Mi vida de uniforme me lleva de un lado para otro, me enseña cosas ( hoy mismo he aprendido algo nuevo ), me relaciona con personas increíbles y con otras a las que no saludaria en la vida y me permite sentirme realizado. En mi vida de uniforme soy un hombre.
Mi otra vida es un poco más rara. En mi otra vida no sé que ropa llevo ni sé muy bien que soy. Tampoco sé que hago, ni como me relaciono con la gente. En mi otra vida soy muchas cosas y a la vez no soy ninguna. ¿ Aprendo ? Aprendo y olvido, casi tanto de uno como de otro. En mi vida con cualquier ropa hay gente de todo tipo, y a veces no sé distinguir a unos de otros. En mi vida de cualquier manera soy un pibe y no dejo de serlo por más que me esfuerzo.
Pero ya queda menos para vivir ambas cosas de otra manera. Ya queda menos para salir a la mar una vez más. No unos días como cuando a Gibraltar, sino una campaña de verdad. Con guardias en el puente y trabajo fuerte, con maniobras, con sueño. Con trabajos, limpiezas y mantenimientos, con ejercicios. Con peliculas en el comedor, con guitar hero los fines de semana, con cola en el comedor, con " ¡ dio que de tiempo ! " en el sofá. Con montones de nombres que de repente son importantes y que dentro de poco dejarán de serlo, con otra colección de cartas con las que familiarizarse. Con ortos y ocasos, ahora increiblemente sin mareas. Con un mar nuevo para mi, un desafio distinto al que sé que estaré a la altura. Y cuando la noche me llama y la oscuridad se hace densa, y mis compromisos en tierra van quedando atrás y ya solo queda esa sensación de abandono, de egoismo, de " yo a punto de cambiarme de ropa ", me doy cuenta de que me vista como me vista o sea como sea, siempre seré lo mismo. Un misterio para mi. Como esa oscuridad que me llama y en cuyas olas algun día descansaré, para navegar hacía esa otra orilla donde me espera el pequeñajo.
Buenas noches. Ya queda menos para volver allí
viernes, 15 de octubre de 2010
jueves, 3 de junio de 2010
El perro y el guepardo
Frente a a la playa, sentados mirando el mar, un perro y un guepardo se sentaron a compartir una bebida. El perro venía de pasar la mañana con un zorro con el que compartía ocupaciones y trabajos: el guepardo venía corriendo desde muy lejos. Juntos, contemplaron el sol y sonrieron. Era bonito estar juntos.
Hacía mucho que se conocían y habían pasado algunas cosas en comun, aunque eran menos de las que podrían en todo el tiempo que había pasado. Cuando el perro aún era un cachorro perro y no sabía muy bien si sería de los que ladraban, de los que mordían, o de los que no hacían ni una cosa ni la otra, el guepardo pasaba por la vida picoteando un poco de aquí y de allí. Coincidieron en algunos sitios, compartieron amistades y momentos, y si bien no se entendían totalmente compartían un mutuo respeto y una cierta forma de ver el mundo. A su estilo y manera, cada uno de ellos era un caballero.
Ahora compartían ese momento de bebida y de paz. El perro había pasado varios días muy malo, con una pierna herida. Tuvo que mirar desde la caseta como otros perros, algunos más habiles y otros más torpes, corrían mientras él se quedaba mirando. Había reflexionado. Y había sentido mucha rabia, esa rabia venenosa que se te encierra dentro y te tira mordiscos, haciendote ser malo contigo mismo y malo con el mundo. Ahora veía el atardecer, más sabio, y se hacía promesas a si mismo. No volveré a hacerme daño. No volveré a... no sé.
A su lado, el guepardo sonreía misterioso. Gatuno. El guepardo siempre estaba contento y eso era algo que apreciaba mucho el perro. Era un tipo artístico, el guepardo, pensaba para sí. Hay cosas de él que admiro y cosas que no soportaría en mi mismo. En general, es un buen tío.
Había una pequeña chispa de luz entre ellos. Hacía tiempo que el perro la conociera, metiendo el hocico donde no debía como hacía con todo. La curiosidad es lo que tenía, a veces descubrías cosas interesantes y otras cosas que era mejor no ver. Pero el perro era un poco miope y le costaba darse cuenta de las cosas. Además tenía buen fondo, aunque no le gustara, e intentaba ayudar a la gente. Le había presentado la chispa de luz al guepardo y eso se había puesto entre ellos. El perro no sabía que pensar. El guepardo, mucho más practico, no se molestaba en pensar nada. Los gatos, si os habéis fijado, son unos de los seres más pragmaticos del universo. Nunca se paran a meditar sobre las cosas, simplemente actuan y suelen actuar como deben. Es bueno observar a los gatos.
Ahora, el perro se tomaba la bebida y pensaba. Se daba cuenta de que los " no volveré " habían empezado a ser cíclicos. Y lo que realmente decían esos no volveré, pensaba mientras veía el castillo a lo lejos, es " no volveré aquí. No volveré a esto ". Se acaba una epoca, como lleva mucho acabandose. Y comienza otra navegación. Y el guepardo, que es un aventurero fantastico que conoce tierras imposibles y pronuncia nombres que a mi se me atragantan, tiene otra cosa en común conmigo. No solo es un caballero. También es un viajero del corazón. Y aunque no lo entienda y haya cosas que puedan ponerse entre nosotros, me parece que siempre voy a estar orgulloso de conocerlo. Por lo que es, por lo que hace y lo que enseña. Así que esto va por mi amigo el guepardo. A ver si te pelas :-P
Sr Ale
Hacía mucho que se conocían y habían pasado algunas cosas en comun, aunque eran menos de las que podrían en todo el tiempo que había pasado. Cuando el perro aún era un cachorro perro y no sabía muy bien si sería de los que ladraban, de los que mordían, o de los que no hacían ni una cosa ni la otra, el guepardo pasaba por la vida picoteando un poco de aquí y de allí. Coincidieron en algunos sitios, compartieron amistades y momentos, y si bien no se entendían totalmente compartían un mutuo respeto y una cierta forma de ver el mundo. A su estilo y manera, cada uno de ellos era un caballero.
Ahora compartían ese momento de bebida y de paz. El perro había pasado varios días muy malo, con una pierna herida. Tuvo que mirar desde la caseta como otros perros, algunos más habiles y otros más torpes, corrían mientras él se quedaba mirando. Había reflexionado. Y había sentido mucha rabia, esa rabia venenosa que se te encierra dentro y te tira mordiscos, haciendote ser malo contigo mismo y malo con el mundo. Ahora veía el atardecer, más sabio, y se hacía promesas a si mismo. No volveré a hacerme daño. No volveré a... no sé.
A su lado, el guepardo sonreía misterioso. Gatuno. El guepardo siempre estaba contento y eso era algo que apreciaba mucho el perro. Era un tipo artístico, el guepardo, pensaba para sí. Hay cosas de él que admiro y cosas que no soportaría en mi mismo. En general, es un buen tío.
Había una pequeña chispa de luz entre ellos. Hacía tiempo que el perro la conociera, metiendo el hocico donde no debía como hacía con todo. La curiosidad es lo que tenía, a veces descubrías cosas interesantes y otras cosas que era mejor no ver. Pero el perro era un poco miope y le costaba darse cuenta de las cosas. Además tenía buen fondo, aunque no le gustara, e intentaba ayudar a la gente. Le había presentado la chispa de luz al guepardo y eso se había puesto entre ellos. El perro no sabía que pensar. El guepardo, mucho más practico, no se molestaba en pensar nada. Los gatos, si os habéis fijado, son unos de los seres más pragmaticos del universo. Nunca se paran a meditar sobre las cosas, simplemente actuan y suelen actuar como deben. Es bueno observar a los gatos.
Ahora, el perro se tomaba la bebida y pensaba. Se daba cuenta de que los " no volveré " habían empezado a ser cíclicos. Y lo que realmente decían esos no volveré, pensaba mientras veía el castillo a lo lejos, es " no volveré aquí. No volveré a esto ". Se acaba una epoca, como lleva mucho acabandose. Y comienza otra navegación. Y el guepardo, que es un aventurero fantastico que conoce tierras imposibles y pronuncia nombres que a mi se me atragantan, tiene otra cosa en común conmigo. No solo es un caballero. También es un viajero del corazón. Y aunque no lo entienda y haya cosas que puedan ponerse entre nosotros, me parece que siempre voy a estar orgulloso de conocerlo. Por lo que es, por lo que hace y lo que enseña. Así que esto va por mi amigo el guepardo. A ver si te pelas :-P
Sr Ale
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
