Frente a a la playa, sentados mirando el mar, un perro y un guepardo se sentaron a compartir una bebida. El perro venía de pasar la mañana con un zorro con el que compartía ocupaciones y trabajos: el guepardo venía corriendo desde muy lejos. Juntos, contemplaron el sol y sonrieron. Era bonito estar juntos.
Hacía mucho que se conocían y habían pasado algunas cosas en comun, aunque eran menos de las que podrían en todo el tiempo que había pasado. Cuando el perro aún era un cachorro perro y no sabía muy bien si sería de los que ladraban, de los que mordían, o de los que no hacían ni una cosa ni la otra, el guepardo pasaba por la vida picoteando un poco de aquí y de allí. Coincidieron en algunos sitios, compartieron amistades y momentos, y si bien no se entendían totalmente compartían un mutuo respeto y una cierta forma de ver el mundo. A su estilo y manera, cada uno de ellos era un caballero.
Ahora compartían ese momento de bebida y de paz. El perro había pasado varios días muy malo, con una pierna herida. Tuvo que mirar desde la caseta como otros perros, algunos más habiles y otros más torpes, corrían mientras él se quedaba mirando. Había reflexionado. Y había sentido mucha rabia, esa rabia venenosa que se te encierra dentro y te tira mordiscos, haciendote ser malo contigo mismo y malo con el mundo. Ahora veía el atardecer, más sabio, y se hacía promesas a si mismo. No volveré a hacerme daño. No volveré a... no sé.
A su lado, el guepardo sonreía misterioso. Gatuno. El guepardo siempre estaba contento y eso era algo que apreciaba mucho el perro. Era un tipo artístico, el guepardo, pensaba para sí. Hay cosas de él que admiro y cosas que no soportaría en mi mismo. En general, es un buen tío.
Había una pequeña chispa de luz entre ellos. Hacía tiempo que el perro la conociera, metiendo el hocico donde no debía como hacía con todo. La curiosidad es lo que tenía, a veces descubrías cosas interesantes y otras cosas que era mejor no ver. Pero el perro era un poco miope y le costaba darse cuenta de las cosas. Además tenía buen fondo, aunque no le gustara, e intentaba ayudar a la gente. Le había presentado la chispa de luz al guepardo y eso se había puesto entre ellos. El perro no sabía que pensar. El guepardo, mucho más practico, no se molestaba en pensar nada. Los gatos, si os habéis fijado, son unos de los seres más pragmaticos del universo. Nunca se paran a meditar sobre las cosas, simplemente actuan y suelen actuar como deben. Es bueno observar a los gatos.
Ahora, el perro se tomaba la bebida y pensaba. Se daba cuenta de que los " no volveré " habían empezado a ser cíclicos. Y lo que realmente decían esos no volveré, pensaba mientras veía el castillo a lo lejos, es " no volveré aquí. No volveré a esto ". Se acaba una epoca, como lleva mucho acabandose. Y comienza otra navegación. Y el guepardo, que es un aventurero fantastico que conoce tierras imposibles y pronuncia nombres que a mi se me atragantan, tiene otra cosa en común conmigo. No solo es un caballero. También es un viajero del corazón. Y aunque no lo entienda y haya cosas que puedan ponerse entre nosotros, me parece que siempre voy a estar orgulloso de conocerlo. Por lo que es, por lo que hace y lo que enseña. Así que esto va por mi amigo el guepardo. A ver si te pelas :-P
Sr Ale
jueves, 3 de junio de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
