lunes, 13 de junio de 2011

No sé decir que no

Es uno de los defectos de mi educación. A los casi treinta años estoy aprendiendo a nadar en una piscina. Brazada, brazada, respira. Trato de usted a todo el mundo, me quito la gorra cuando entro en un espacio cerrado y no soporto pintar en un libro. El otro día, un compañero no supo como se llamaba un cabo del barco y se acordó de mi. En general, soy un coñazo.
Pero algunas cosas me salvan. He salido a dar un paseo, a que me dé el aire y a buscar algo de comida. Y mientras estaba en la calle, vacia a las diez de la noche, he sentido en el viento una llamada. El mar.
Como os decía antes, no sé decir que no. Y menos a una mujer guapa. Así que allí me he encaminado, sin prisa pero sin pausa, con una mano en el bocadillo y otra mano en la lata. Nestea, me estoy quitando del gas. Y mientras avanzaba hacía ahí, pensaba en el cabo Paco, con una rebequita en Galicia. Pensaba en el Cata, con el que hablé esta tarde. En mis cursos, entre ellos William, que ha deseado que yo sea su sargento cuando vaya a hacer curso de cabo. Cruzo los dedos. Por ellos y por mi. Porque este mar, este precioso, oscuro, terrible, adorable mar, es mío y de ellos, tan comun a nuestra sangre como la bandera bajo la que servimos. Porque una vez eliminas los morazos, las fiestas, las maniobras, los ejercicios y el puteo, hay algo. Como decía D. Sonia en aquel correo que aun tengo guardado, cuando te encuentras a la gente todos os quejais, rajais... pero algo tiene el agua cuando la bendicen, y ahí seguís. Quizás porque al ver atardeceres como este, algo te quema en la sangre y te das cuenta de que sí, que cojones, es una vida dura pero también está llena de buenos momentos.
Mañana empiezo el festival de examenes. ¿ Saldrá bien ? Yo lo he dado y lo doy todo porque así sea. Tengo todo el apoyo que puedo necesitar, incluso el mejor de todos. El tiempo es el unico factor en mi contra. Si en lugar de llevar así un mes hubiera estado tres, me apostaba el brazo a que saldría sargento. Con todo y con eso, mañana empieza a rodar la pelota y hasta que no se pare, yo voy a pelear. Por mi. Por ellos. Y por todo el orgullo, el honor y la maldita belleza que compartimos. Porque en el fondo, vale la pena.