miércoles, 17 de agosto de 2011
Abrazado a tus rodillas
Hoy he nadado en el mar. No parece una gran aventura. Miles de personas lo hacen cada día. Pero para este marinero, perro de mar, nadar nunca fue algo prioritario y siempre hubo cosas más importantes. Gente de la que cuidar, cosas que hacer para huir de mis obligaciones, ruido de fondo en el que ahogarme, perderme, diluirme. Ahogando mi dolor en palabras, como otra gente lo ahoga en alcohol. Ahogarme, al fin y al cabo, sin poder respirar, cada vez más pequeño, cada vez más encogido.
Estoy aprendiendo a nadar. Siempre se ponen excusas cuando se dicen esas cosas, como " yo en verdad ya sé ". Aprender a nadar es como aprender cualquier cosa, hay toda una escala inmensa desde el primer paso hasta el maestro. Para mi, meterme en el agua de cabeza hoy, repetir los movimientos mecanicos, respirar, bracear ha sido...
La gente prefiere nadar en una piscina. La piscina no se revuelve, no tiene olas, no te mete sal en la nariz. ¿ Sal en la nariz ? Espuma de venus, sangre de mi corazón. Nadar en el mar es hundirse en la oscuridad de tu alma, es sumergirse en el abrazo calido y profundo de una madre terrible, dura, dulce y hermosa, que se antoja imposible desde la ribera de la orilla. Nadar en el mar es ser uno con el mundo y la sal que te cubre la piel, polvo de estrellas que te bendice con su fulgor.
¿ Qué sabe la gente de lo que está hecho el mar ? Cuantos sueños, cuantos suspiros, cuantas historias. Todo va allí y todo vuelve, cambiado pero igual. Porque el mar es la vida, un ciclo sin fin que no tiene sentido, que es brutal, cruel y despiadado. ¡ Y tan bello !
Hoy, durante unos segundos, me he sentido un delfin. Que es, con una honrosa excepción, lo más parecido a un angel que he visto en mi vida.
lunes, 13 de junio de 2011
No sé decir que no
Es uno de los defectos de mi educación. A los casi treinta años estoy aprendiendo a nadar en una piscina. Brazada, brazada, respira. Trato de usted a todo el mundo, me quito la gorra cuando entro en un espacio cerrado y no soporto pintar en un libro. El otro día, un compañero no supo como se llamaba un cabo del barco y se acordó de mi. En general, soy un coñazo.
Pero algunas cosas me salvan. He salido a dar un paseo, a que me dé el aire y a buscar algo de comida. Y mientras estaba en la calle, vacia a las diez de la noche, he sentido en el viento una llamada. El mar.
Como os decía antes, no sé decir que no. Y menos a una mujer guapa. Así que allí me he encaminado, sin prisa pero sin pausa, con una mano en el bocadillo y otra mano en la lata. Nestea, me estoy quitando del gas. Y mientras avanzaba hacía ahí, pensaba en el cabo Paco, con una rebequita en Galicia. Pensaba en el Cata, con el que hablé esta tarde. En mis cursos, entre ellos William, que ha deseado que yo sea su sargento cuando vaya a hacer curso de cabo. Cruzo los dedos. Por ellos y por mi. Porque este mar, este precioso, oscuro, terrible, adorable mar, es mío y de ellos, tan comun a nuestra sangre como la bandera bajo la que servimos. Porque una vez eliminas los morazos, las fiestas, las maniobras, los ejercicios y el puteo, hay algo. Como decía D. Sonia en aquel correo que aun tengo guardado, cuando te encuentras a la gente todos os quejais, rajais... pero algo tiene el agua cuando la bendicen, y ahí seguís. Quizás porque al ver atardeceres como este, algo te quema en la sangre y te das cuenta de que sí, que cojones, es una vida dura pero también está llena de buenos momentos.
Mañana empiezo el festival de examenes. ¿ Saldrá bien ? Yo lo he dado y lo doy todo porque así sea. Tengo todo el apoyo que puedo necesitar, incluso el mejor de todos. El tiempo es el unico factor en mi contra. Si en lugar de llevar así un mes hubiera estado tres, me apostaba el brazo a que saldría sargento. Con todo y con eso, mañana empieza a rodar la pelota y hasta que no se pare, yo voy a pelear. Por mi. Por ellos. Y por todo el orgullo, el honor y la maldita belleza que compartimos. Porque en el fondo, vale la pena.
Pero algunas cosas me salvan. He salido a dar un paseo, a que me dé el aire y a buscar algo de comida. Y mientras estaba en la calle, vacia a las diez de la noche, he sentido en el viento una llamada. El mar.
Como os decía antes, no sé decir que no. Y menos a una mujer guapa. Así que allí me he encaminado, sin prisa pero sin pausa, con una mano en el bocadillo y otra mano en la lata. Nestea, me estoy quitando del gas. Y mientras avanzaba hacía ahí, pensaba en el cabo Paco, con una rebequita en Galicia. Pensaba en el Cata, con el que hablé esta tarde. En mis cursos, entre ellos William, que ha deseado que yo sea su sargento cuando vaya a hacer curso de cabo. Cruzo los dedos. Por ellos y por mi. Porque este mar, este precioso, oscuro, terrible, adorable mar, es mío y de ellos, tan comun a nuestra sangre como la bandera bajo la que servimos. Porque una vez eliminas los morazos, las fiestas, las maniobras, los ejercicios y el puteo, hay algo. Como decía D. Sonia en aquel correo que aun tengo guardado, cuando te encuentras a la gente todos os quejais, rajais... pero algo tiene el agua cuando la bendicen, y ahí seguís. Quizás porque al ver atardeceres como este, algo te quema en la sangre y te das cuenta de que sí, que cojones, es una vida dura pero también está llena de buenos momentos.
Mañana empiezo el festival de examenes. ¿ Saldrá bien ? Yo lo he dado y lo doy todo porque así sea. Tengo todo el apoyo que puedo necesitar, incluso el mejor de todos. El tiempo es el unico factor en mi contra. Si en lugar de llevar así un mes hubiera estado tres, me apostaba el brazo a que saldría sargento. Con todo y con eso, mañana empieza a rodar la pelota y hasta que no se pare, yo voy a pelear. Por mi. Por ellos. Y por todo el orgullo, el honor y la maldita belleza que compartimos. Porque en el fondo, vale la pena.
lunes, 14 de marzo de 2011
Dias gallegos
Salgo de clase y cojo el autobus de vuelta a casa, mientras por mi mente desfilan multitud de sensaciones encontradas, tras plantearme que está pasando con mi vida y que va a pasar. En mis oídos suena Rammstein, pesado, inmisericorde, duro y tierno. Un poco como yo. Mientras continua tarareo la letra, la saboreo, la deslizo entre mis labios y mis dientes recien castigados. El autobus avanza y continuo junto al mar, un desierto de olas feroces y salvajes. El cielo es gris plomizo y el viento, inmisericorde, castiga cuanto objeto encuentra en su camino.
Es un día gallego. Y cuando bajo del autobus y me golpea con toda su plenitud siento la ausencia de mi melena casi como una mutilación fisica. Quiero que el pelo vuele, quiero que mi alma vuele. Quiero estar ahí afuera enfrentado a este mar, tan tuyo y tan mio, viviendo sin vivir. Donde todo se rebela y arde, donde las manos se te pelan y el alma se te encoge. Y cuando crees que no puedes más y que todo se irá abajo, sientes una mano fuerte en el hombro y una sonrisa, y sabes que puedes más. Mar de hombres, que dijeran mis ancestros. Mar de hombres, que hizo a aquellos de cuya sangre y simiente desciendo. De donde vienen mis ojos azules, mi genio pronto y vivo, mi caracter arisco y mi afición por los silencios oscuros. A donde me llama el hogar, si bien no es tanto un hogar como una sensación, un sentimiento. Igual que el mar me llama, una y otra vez, cada cierto tiempo siento el impulso de peregrinar al fin del mundo, donde no hay nada salvo verde, frío y calor de piedra, pan de leña y sonrisas de compañeros.
Miro a la playa y ante mi un grupo grande de gaviotas se cobijan, buscando calor, unas contra otras. ¿ Tan afuera os ha mandado la tormenta ? También yo soy una gaviota, pienso, y dentro de mi alma ansio volar libre y lanzarme en plancha al mar, perderme en su inmensidad y solo volver para ser recordado, siempre distinto, siempre igual. Un mar que es verde oscuro en Cádiz, azul cobalto en Canarias, gris acero en Ferrol, pero siempre, siempre es el mío. Hermano donde enterré mis sueños, a quién entregué mi corazón para que cuidara del peque y donde espero descansar algún día, comida de peces y recuerdo de amigos. Y que en días como este, cuando afuera haga malo y nos cobijemos en la playa, o la tormenta nos arrastre para vararnos cual viejos pecios, podamos sonreir y alzar la copa en memoria.
La noche se está cayendo. Y con ella cae el tiempo... El día, no sirvió de nada. Tarde de nubes sin agua.
Gracías por estar ahí los que aún estáis, y gracías por haber pasado los que ya no. Se os echa de menos, en este mar de dudas donde quisiera ser gaviota.
Sr Ale
Es un día gallego. Y cuando bajo del autobus y me golpea con toda su plenitud siento la ausencia de mi melena casi como una mutilación fisica. Quiero que el pelo vuele, quiero que mi alma vuele. Quiero estar ahí afuera enfrentado a este mar, tan tuyo y tan mio, viviendo sin vivir. Donde todo se rebela y arde, donde las manos se te pelan y el alma se te encoge. Y cuando crees que no puedes más y que todo se irá abajo, sientes una mano fuerte en el hombro y una sonrisa, y sabes que puedes más. Mar de hombres, que dijeran mis ancestros. Mar de hombres, que hizo a aquellos de cuya sangre y simiente desciendo. De donde vienen mis ojos azules, mi genio pronto y vivo, mi caracter arisco y mi afición por los silencios oscuros. A donde me llama el hogar, si bien no es tanto un hogar como una sensación, un sentimiento. Igual que el mar me llama, una y otra vez, cada cierto tiempo siento el impulso de peregrinar al fin del mundo, donde no hay nada salvo verde, frío y calor de piedra, pan de leña y sonrisas de compañeros.
Miro a la playa y ante mi un grupo grande de gaviotas se cobijan, buscando calor, unas contra otras. ¿ Tan afuera os ha mandado la tormenta ? También yo soy una gaviota, pienso, y dentro de mi alma ansio volar libre y lanzarme en plancha al mar, perderme en su inmensidad y solo volver para ser recordado, siempre distinto, siempre igual. Un mar que es verde oscuro en Cádiz, azul cobalto en Canarias, gris acero en Ferrol, pero siempre, siempre es el mío. Hermano donde enterré mis sueños, a quién entregué mi corazón para que cuidara del peque y donde espero descansar algún día, comida de peces y recuerdo de amigos. Y que en días como este, cuando afuera haga malo y nos cobijemos en la playa, o la tormenta nos arrastre para vararnos cual viejos pecios, podamos sonreir y alzar la copa en memoria.
La noche se está cayendo. Y con ella cae el tiempo... El día, no sirvió de nada. Tarde de nubes sin agua.
Gracías por estar ahí los que aún estáis, y gracías por haber pasado los que ya no. Se os echa de menos, en este mar de dudas donde quisiera ser gaviota.
Sr Ale
miércoles, 16 de febrero de 2011
Temporal afuera
Y yo en el muelle. Conduzco con cuidado, el viento hace extraños y miro anhelante hacía el mar, ese desierto imposible de crestas blancas que rompen incesantes y siento una extraña desazón. Me doy cuenta de que soy una persona de ritmos, de rituales, de instintos. Reflexiono sobre todo lo ocurrido hoy y las fotos que he visto, los paisajes que he encontrado dentro y fuera de mi y los grandes espacios vacios entre las letras negras de este diario de a bordo.
Es todo una lucha. Un constante tira y afloja hasta no poder más. Como la estacha que te amarra al muelle, tira y suelta, tira y suelta, y se va deshilachando y desgastando, hasta que el uniforme que te pones, el gesto que realizas mecanico, el saludo que dices sin pensar, deja de tener sentido y se convierten solo en rituales huecos. En lugares comunes en los que ya ni piensas, sino que mecanizas y continuas con tu vida. Y te das cuenta de que has perdido algo, de que hay una parte de ti virginal y hermosa, tierna, emotiva, que está rota y que quizás nunca vuelva a reconstruirse.
Pero eso siempre te queda. Afuera el mar pega fuerte y hay gente jugandose la vida. Algunos porque no tienen más remedio y otros porque, en el fondo, es lo que les da sentido a su existencia. Y en tu interior sabes que tu eres un poco de los dos tipos, y que si no haces más es porque ya en el cantar de mio cid se veía venir. Que buen siervo fuere, si buen rey tuviere. Porque una campaña es un momento glorioso y de celebración, porque el trabajo es algo noble, porque MI trabajo es algo noble. Porque sentir los cabeceos del bote según vas de transito a una zona de trabajo es algo digno, porque Cádiz es aún más hermoso visto desde el mar, porque hay imagenes, momentos y recuerdos que sabes que guardarás contigo mientras vivas. Porque hay una sensación, un instinto, de callado orgullo, de reserva y de compañerismo que solo lo conocen quienes han pasado por muchas cosas juntos, apoyandose los unos a los otros.
Ahí fuera sopla fuerte el viento, hace frío y la lluvia cala. Yo disfruto del sonido de la lluvia contra el cristal del coche, encerrado esperando a que salgan mis compañeros, y en ese momento de soledad e introspeccion me doy cuenta de que aquí abajo solo hay problemas para mi. Y que realmente quiero irme afuera, a estar en medio de ninguna parte, y quiero hacerlo para olvidar lo que es existir, y para a la vez vivir totalmente. Pero eso solo lo sabe quién ha estado ahí.
Es todo una lucha. Un constante tira y afloja hasta no poder más. Como la estacha que te amarra al muelle, tira y suelta, tira y suelta, y se va deshilachando y desgastando, hasta que el uniforme que te pones, el gesto que realizas mecanico, el saludo que dices sin pensar, deja de tener sentido y se convierten solo en rituales huecos. En lugares comunes en los que ya ni piensas, sino que mecanizas y continuas con tu vida. Y te das cuenta de que has perdido algo, de que hay una parte de ti virginal y hermosa, tierna, emotiva, que está rota y que quizás nunca vuelva a reconstruirse.
Pero eso siempre te queda. Afuera el mar pega fuerte y hay gente jugandose la vida. Algunos porque no tienen más remedio y otros porque, en el fondo, es lo que les da sentido a su existencia. Y en tu interior sabes que tu eres un poco de los dos tipos, y que si no haces más es porque ya en el cantar de mio cid se veía venir. Que buen siervo fuere, si buen rey tuviere. Porque una campaña es un momento glorioso y de celebración, porque el trabajo es algo noble, porque MI trabajo es algo noble. Porque sentir los cabeceos del bote según vas de transito a una zona de trabajo es algo digno, porque Cádiz es aún más hermoso visto desde el mar, porque hay imagenes, momentos y recuerdos que sabes que guardarás contigo mientras vivas. Porque hay una sensación, un instinto, de callado orgullo, de reserva y de compañerismo que solo lo conocen quienes han pasado por muchas cosas juntos, apoyandose los unos a los otros.
Ahí fuera sopla fuerte el viento, hace frío y la lluvia cala. Yo disfruto del sonido de la lluvia contra el cristal del coche, encerrado esperando a que salgan mis compañeros, y en ese momento de soledad e introspeccion me doy cuenta de que aquí abajo solo hay problemas para mi. Y que realmente quiero irme afuera, a estar en medio de ninguna parte, y quiero hacerlo para olvidar lo que es existir, y para a la vez vivir totalmente. Pero eso solo lo sabe quién ha estado ahí.
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