Y yo en el muelle. Conduzco con cuidado, el viento hace extraños y miro anhelante hacía el mar, ese desierto imposible de crestas blancas que rompen incesantes y siento una extraña desazón. Me doy cuenta de que soy una persona de ritmos, de rituales, de instintos. Reflexiono sobre todo lo ocurrido hoy y las fotos que he visto, los paisajes que he encontrado dentro y fuera de mi y los grandes espacios vacios entre las letras negras de este diario de a bordo.
Es todo una lucha. Un constante tira y afloja hasta no poder más. Como la estacha que te amarra al muelle, tira y suelta, tira y suelta, y se va deshilachando y desgastando, hasta que el uniforme que te pones, el gesto que realizas mecanico, el saludo que dices sin pensar, deja de tener sentido y se convierten solo en rituales huecos. En lugares comunes en los que ya ni piensas, sino que mecanizas y continuas con tu vida. Y te das cuenta de que has perdido algo, de que hay una parte de ti virginal y hermosa, tierna, emotiva, que está rota y que quizás nunca vuelva a reconstruirse.
Pero eso siempre te queda. Afuera el mar pega fuerte y hay gente jugandose la vida. Algunos porque no tienen más remedio y otros porque, en el fondo, es lo que les da sentido a su existencia. Y en tu interior sabes que tu eres un poco de los dos tipos, y que si no haces más es porque ya en el cantar de mio cid se veía venir. Que buen siervo fuere, si buen rey tuviere. Porque una campaña es un momento glorioso y de celebración, porque el trabajo es algo noble, porque MI trabajo es algo noble. Porque sentir los cabeceos del bote según vas de transito a una zona de trabajo es algo digno, porque Cádiz es aún más hermoso visto desde el mar, porque hay imagenes, momentos y recuerdos que sabes que guardarás contigo mientras vivas. Porque hay una sensación, un instinto, de callado orgullo, de reserva y de compañerismo que solo lo conocen quienes han pasado por muchas cosas juntos, apoyandose los unos a los otros.
Ahí fuera sopla fuerte el viento, hace frío y la lluvia cala. Yo disfruto del sonido de la lluvia contra el cristal del coche, encerrado esperando a que salgan mis compañeros, y en ese momento de soledad e introspeccion me doy cuenta de que aquí abajo solo hay problemas para mi. Y que realmente quiero irme afuera, a estar en medio de ninguna parte, y quiero hacerlo para olvidar lo que es existir, y para a la vez vivir totalmente. Pero eso solo lo sabe quién ha estado ahí.
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