Vas caminando de noche, pensando en tus cosas, cuando oyes ese grito en medio de una plaza. De un lado, un compañero cuyo nombre ni recuerdas , hace siete
años aspirante a marinero igual que yo. Del otro un sargento bastante
borracho y sorprendido. "Me suena de algo este tío...". Y de repente un
abrazo, buenas noticias, ganas de alegrarse por el otro. Que maravilla.
Cuanto une la miseria compartida, pero de que forma condiciona nuestra
vida futura. En cualquier lugar de España, pero sobre todo cerca del
mar, alguien que escuche ese grito sabe que tiene ahí a alguien en quien
puede confiar. Más allá de la situación personal, de las
circunstancias, de las relaciones. Es alguien que está ahí y tu estás
para él, aunque ni os conozcais casi.
Es la familia que uno no
elige, sino que le toca. Cuando un día os metieron a mogollón en un
almacen y os vistieron, para que salierais todos iguales. Cuando os
gritaron, cuando formasteis, cuando corristeis. Cuando pasasteis noches
viendo llover, contandoos vuestra vida para recordar que aun erais
humanos, no maquinas. Cuando os enseñaron que erais tan buenos como el peor de vosotros, cuando os enseñaron a callaros para que no castigaran al compañero, cuando os hicieron una brigada.
Y luego te sueltan al mundo y pasan cosas, y la
vida sigue, y teneis novias, hijos, problemas, historias, estudios,
trabajos, más problemas, y día a día vas siendo más "tu" y menos "nosotros". Hasta que de repente una noche, vas andando y escuchas ese grito y sientes unos brazos al cuello. Y sabes que da igual lo lejos que te vayas o lo perdido que estés, ahí tienes un hermano, de esos que no elegiste sino que te tocó, y te sientes lleno de alegria y de gratitud porque exista.
P.D: Dedicado a Santi Primero, que es el que las lia siempre. Y a Zeke, a Bifu, a Borja, a Dieter, a Patricio, a Jaime (que es una maquina), a Marco, a Glenis y sus amigas, a Nani y al resto de zocotrocos de cuyo nombre no me quiero acordar.
lunes, 13 de abril de 2015
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
