viernes, 15 de octubre de 2010

Llega la noche y me llama

Llama, a lo lejos llama. Lo siento en las venas. Esta semana ha sido una semana de nostalgia, de soledad, de reencuentros. El jueves me dieron una alegria increíble, un antiguo compañero que está destinado en otro barco se encontró con unos cursos míos. Hablaron de muchas cosas y salió mi nombre, y terminaron llamandome para saludarme. Mi compañero era Manjón y mis cursos son William, el chino, y Sergio el de Chiclana. Y volver a hablar con ellos, reencontrarme con ese cariño de tantas cosas compartidas, fue lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.
Tengo dos vidas. Una vida la hago de uniforme y la otra vestido de cualquier manera. Mi vida de uniforme tiene casi de todo y me llena a tope. Mi vida de uniforme me lleva de un lado para otro, me enseña cosas ( hoy mismo he aprendido algo nuevo ), me relaciona con personas increíbles y con otras a las que no saludaria en la vida y me permite sentirme realizado. En mi vida de uniforme soy un hombre.
Mi otra vida es un poco más rara. En mi otra vida no sé que ropa llevo ni sé muy bien que soy. Tampoco sé que hago, ni como me relaciono con la gente. En mi otra vida soy muchas cosas y a la vez no soy ninguna. ¿ Aprendo ? Aprendo y olvido, casi tanto de uno como de otro. En mi vida con cualquier ropa hay gente de todo tipo, y a veces no sé distinguir a unos de otros. En mi vida de cualquier manera soy un pibe y no dejo de serlo por más que me esfuerzo.

Pero ya queda menos para vivir ambas cosas de otra manera. Ya queda menos para salir a la mar una vez más. No unos días como cuando a Gibraltar, sino una campaña de verdad. Con guardias en el puente y trabajo fuerte, con maniobras, con sueño. Con trabajos, limpiezas y mantenimientos, con ejercicios. Con peliculas en el comedor, con guitar hero los fines de semana, con cola en el comedor, con " ¡ dio que de tiempo ! " en el sofá. Con montones de nombres que de repente son importantes y que dentro de poco dejarán de serlo, con otra colección de cartas con las que familiarizarse. Con ortos y ocasos, ahora increiblemente sin mareas. Con un mar nuevo para mi, un desafio distinto al que sé que estaré a la altura. Y cuando la noche me llama y la oscuridad se hace densa, y mis compromisos en tierra van quedando atrás y ya solo queda esa sensación de abandono, de egoismo, de " yo a punto de cambiarme de ropa ", me doy cuenta de que me vista como me vista o sea como sea, siempre seré lo mismo. Un misterio para mi. Como esa oscuridad que me llama y en cuyas olas algun día descansaré, para navegar hacía esa otra orilla donde me espera el pequeñajo.

Buenas noches. Ya queda menos para volver allí