Tengo una ampolla del tamaño de un dedo en el pie. Aparte chistes faciles, la piel está lacerada y duele a horrores. Pero el dolor del pie, siendo molesto, es solo una herida de tantas en este acribillado nazareno de los horrores que es mi alma ultimamente.
Le han quitado sentido a lo ultimo que lo tenía. A lo que justifica el trabajo honrado, el formar con los compañeros y exigirte más, siempre más. A la definición de compañerismo, que consiste en dar la cara por el que tienes delante en la confianza de que esa persona la dará por ti mañana.
Pero ya no hay compañeros. Ya no hay honor. Y quién tiene que ser para ti modelo y ejemplo, quien te enseña a ser decente y respetable, para el día de mañana actuar de espejo de virtudes de quien tienes delante, no se molesta. Está demasiado ocupado salvando su culo, dando una imagen. Quizás hastiado de tratar con gente que no le responde, que no está a la altura de sus esfuerzos, que no lo merecen. Y tu, que llevas seis meses pasando por altibajos, mirando a izquierda y derecha en busca de algo que te motive, cuando no miras arriba y abajo intentando encontrarlo y te sientes perdido y desorientado, te sientes aún más perdido y desorientado. No ya dolido sino lo siguiente, esa perdida de sensibilidad que te viene cuando renuncias a esperar que haya un mundo mejor y ya lo unico que esperas es a que te deje de doler cuanto antes. Cuando ya no pides esperanza, ni alegria, ni coraje... sino solo pides anestesia o que te rematen.
Y cuando crees que ya no puedes más y que nada tiene sentido, siempre hay algo que te permite sonreir. Un compañero con el que te ríes, alguien con quién compartes algo. Un oficial al que puedes mirar a los ojos y respetar. Y sobre todo, siempre, el recuerdo de tantos momentos. Cierras los ojos y vuelves a aspirar la costa, a oler el mar duro, aspero, feroz, y saboreas el viento frio que te corta. Y sabes que, por mucho que te hagan creer lo contrario y te empujen, la verdad está ahí fuera. Y sonríes feroz, el pomulo derecho adelantado para asomar el colmillo, el ojo encogido y la mirada fija, peligrosa. Porque sabes que a un lobo, como a un perro, solo se le puede acorralar hasta cierto punto. Y a partir de ahí, ya no hay como dar un paso atrás. Como decían en aquella novela de Alatriste " ya solo queda batirse ". Así que venga. A morir o a matar, pero con la cabeza bien alta. Que ya está bien.
viernes, 13 de abril de 2012
lunes, 2 de abril de 2012
Una anecdota sobre el honor
Da pereza vivir. El cielo está gris y plomizo, parece que Dios está muerto. Y mientras tanto, sueño con el mar desde lejos. Seis meses sin clavar las manos en las estachas, seis meses sin llenarme los pulmones de sal, seis meses sin noches en vela, soledad y esfuerzo. Cuanto te extraño, viejo amigo.
Una vez me contaron una historia. Me dijeron que no la contara, aunque luego lo hice muchas veces. Se dice el pecado pero no el pecador, y la historia es demasiado buena para guardarla en secreto. Y hoy, que me siento particularmente nostalgico del mar y quiero cerrar los ojos y ver compañeros, ver barco, ver uniformes, os la voy a contar. Pero tsuuu. Es un secreto.
Hace mucho tiempo, en una fragata muy muy lejana. Navegando por el atlantico, noche cerrada, tuvo lugar una maniobra de fondeo. En esa maniobra participaba bastante gente, el contramaestre, el suboficial de guardia interior, el personal de guardia en el puente... tirar la cadena es una pequeña historia, no os creais. El caso es que aquella noche las cosas se hicieron rapido y mal y hubo problemas. Sucede. Cuando eso pasa, lo primero es arreglar los daños y lo segundo es ver quién hizo qué. Muchas veces uno se plantea que no pasan más cosas porque la virgen del Carmen está en todo, y muchas veces uno se sorprende de cuanta buena gente hay, dispuesta a dar un paso y asumir responsabilidades por su honor.
Pero esta vez no fue así. Era noche cerrada y quién tenía que hacerse cargo no lo hizo. Mintió. Y obligó a otros a mentir. Y hasta ahí podiamos llegar. Nuestro protagonista se plantó.
Le preguntaron. " ¿ Pero ud sabe quien soy yo ? ¡ Le puedo joder la vida ! " - como efectivamente haría más tarde -. Pero nuestro protagonista citó a Calderón de la Barca. Dijo: " la vida y la hacienda, pertenecen al Rey y al Rey se han de dar. Pero el honor, el honor pertenece al alma y el alma solo se ha de dar a Dios. "
Y ahí quedo dicho. Nuestro protagonista, muchos años más tarde cuando me contó esta historia, me dijo que él había perdido muchas cosas por esa decisión. Pero que volvería a hacerlo, una y mil veces. Porque prefería levantarse por las mañanas mirandose al espejo y sintiendose orgulloso del hombre que era, que vivir evitandose la mirada, sabiendo que debió hacer y no hizo. Cuando dejas pasar una, cuando retrocedes una vez, cuando te encoges una vez... ya nunca podrás volver a ponerte en pie y luchar. Por eso es importante, en días como hoy que uno siente frío y se pregunta porqué, mirar hacía atrás. Hacia nuestros padres y nuestros abuelos, hacía los que pudieron elegir y eligieron el camino difícil, pero el correcto. Y tomar fuerza de dicho ejemplo, para que a su vez ellos puedan sentirse orgullosos de nosotros, como nosotros de ellos.
Voy a terminar con una frase un poco ñoña, pero que os la quiero dejar. Intentad siempre ser el tipo de hombre cuya mano os sentiríais orgulloso de estrechar.
Una vez me contaron una historia. Me dijeron que no la contara, aunque luego lo hice muchas veces. Se dice el pecado pero no el pecador, y la historia es demasiado buena para guardarla en secreto. Y hoy, que me siento particularmente nostalgico del mar y quiero cerrar los ojos y ver compañeros, ver barco, ver uniformes, os la voy a contar. Pero tsuuu. Es un secreto.
Hace mucho tiempo, en una fragata muy muy lejana. Navegando por el atlantico, noche cerrada, tuvo lugar una maniobra de fondeo. En esa maniobra participaba bastante gente, el contramaestre, el suboficial de guardia interior, el personal de guardia en el puente... tirar la cadena es una pequeña historia, no os creais. El caso es que aquella noche las cosas se hicieron rapido y mal y hubo problemas. Sucede. Cuando eso pasa, lo primero es arreglar los daños y lo segundo es ver quién hizo qué. Muchas veces uno se plantea que no pasan más cosas porque la virgen del Carmen está en todo, y muchas veces uno se sorprende de cuanta buena gente hay, dispuesta a dar un paso y asumir responsabilidades por su honor.
Pero esta vez no fue así. Era noche cerrada y quién tenía que hacerse cargo no lo hizo. Mintió. Y obligó a otros a mentir. Y hasta ahí podiamos llegar. Nuestro protagonista se plantó.
Le preguntaron. " ¿ Pero ud sabe quien soy yo ? ¡ Le puedo joder la vida ! " - como efectivamente haría más tarde -. Pero nuestro protagonista citó a Calderón de la Barca. Dijo: " la vida y la hacienda, pertenecen al Rey y al Rey se han de dar. Pero el honor, el honor pertenece al alma y el alma solo se ha de dar a Dios. "
Y ahí quedo dicho. Nuestro protagonista, muchos años más tarde cuando me contó esta historia, me dijo que él había perdido muchas cosas por esa decisión. Pero que volvería a hacerlo, una y mil veces. Porque prefería levantarse por las mañanas mirandose al espejo y sintiendose orgulloso del hombre que era, que vivir evitandose la mirada, sabiendo que debió hacer y no hizo. Cuando dejas pasar una, cuando retrocedes una vez, cuando te encoges una vez... ya nunca podrás volver a ponerte en pie y luchar. Por eso es importante, en días como hoy que uno siente frío y se pregunta porqué, mirar hacía atrás. Hacia nuestros padres y nuestros abuelos, hacía los que pudieron elegir y eligieron el camino difícil, pero el correcto. Y tomar fuerza de dicho ejemplo, para que a su vez ellos puedan sentirse orgullosos de nosotros, como nosotros de ellos.
Voy a terminar con una frase un poco ñoña, pero que os la quiero dejar. Intentad siempre ser el tipo de hombre cuya mano os sentiríais orgulloso de estrechar.
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