lunes, 2 de abril de 2012

Una anecdota sobre el honor

Da pereza vivir. El cielo está gris y plomizo, parece que Dios está muerto. Y mientras tanto, sueño con el mar desde lejos. Seis meses sin clavar las manos en las estachas, seis meses sin llenarme los pulmones de sal, seis meses sin noches en vela, soledad y esfuerzo. Cuanto te extraño, viejo amigo.

Una vez me contaron una historia. Me dijeron que no la contara, aunque luego lo hice muchas veces. Se dice el pecado pero no el pecador, y la historia es demasiado buena para guardarla en secreto. Y hoy, que me siento particularmente nostalgico del mar y quiero cerrar los ojos y ver compañeros, ver barco, ver uniformes, os la voy a contar. Pero tsuuu. Es un secreto.

Hace mucho tiempo, en una fragata muy muy lejana. Navegando por el atlantico, noche cerrada, tuvo lugar una maniobra de fondeo. En esa maniobra participaba bastante gente, el contramaestre, el suboficial de guardia interior, el personal de guardia en el puente... tirar la cadena es una pequeña historia, no os creais. El caso es que aquella noche las cosas se hicieron rapido y mal y hubo problemas. Sucede. Cuando eso pasa, lo primero es arreglar los daños y lo segundo es ver quién hizo qué. Muchas veces uno se plantea que no pasan más cosas porque la virgen del Carmen está en todo, y muchas veces uno se sorprende de cuanta buena gente hay, dispuesta a dar un paso y asumir responsabilidades por su honor.
Pero esta vez no fue así. Era noche cerrada y quién tenía que hacerse cargo no lo hizo. Mintió. Y obligó a otros a mentir. Y hasta ahí podiamos llegar. Nuestro protagonista se plantó.
Le preguntaron. " ¿ Pero ud sabe quien soy yo ? ¡ Le puedo joder la vida ! " - como efectivamente haría más tarde -. Pero nuestro protagonista citó a Calderón de la Barca. Dijo: " la vida y la hacienda, pertenecen al Rey y al Rey se han de dar. Pero el honor, el honor pertenece al alma y el alma solo se ha de dar a Dios. "
Y ahí quedo dicho. Nuestro protagonista, muchos años más tarde cuando me contó esta historia, me dijo que él había perdido muchas cosas por esa decisión. Pero que volvería a hacerlo, una y mil veces. Porque prefería levantarse por las mañanas mirandose al espejo y sintiendose orgulloso del hombre que era, que vivir evitandose la mirada, sabiendo que debió hacer y no hizo. Cuando dejas pasar una, cuando retrocedes una vez, cuando te encoges una vez... ya nunca podrás volver a ponerte en pie y luchar. Por eso es importante, en días como hoy que uno siente frío y se pregunta porqué, mirar hacía atrás. Hacia nuestros padres y nuestros abuelos, hacía los que pudieron elegir y eligieron el camino difícil, pero el correcto. Y tomar fuerza de dicho ejemplo, para que a su vez ellos puedan sentirse orgullosos de nosotros, como nosotros de ellos.
Voy a terminar con una frase un poco ñoña, pero que os la quiero dejar. Intentad siempre ser el tipo de hombre cuya mano os sentiríais orgulloso de estrechar.

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