lunes, 14 de marzo de 2011

Dias gallegos

Salgo de clase y cojo el autobus de vuelta a casa, mientras por mi mente desfilan multitud de sensaciones encontradas, tras plantearme que está pasando con mi vida y que va a pasar. En mis oídos suena Rammstein, pesado, inmisericorde, duro y tierno. Un poco como yo. Mientras continua tarareo la letra, la saboreo, la deslizo entre mis labios y mis dientes recien castigados. El autobus avanza y continuo junto al mar, un desierto de olas feroces y salvajes. El cielo es gris plomizo y el viento, inmisericorde, castiga cuanto objeto encuentra en su camino.
Es un día gallego. Y cuando bajo del autobus y me golpea con toda su plenitud siento la ausencia de mi melena casi como una mutilación fisica. Quiero que el pelo vuele, quiero que mi alma vuele. Quiero estar ahí afuera enfrentado a este mar, tan tuyo y tan mio, viviendo sin vivir. Donde todo se rebela y arde, donde las manos se te pelan y el alma se te encoge. Y cuando crees que no puedes más y que todo se irá abajo, sientes una mano fuerte en el hombro y una sonrisa, y sabes que puedes más. Mar de hombres, que dijeran mis ancestros. Mar de hombres, que hizo a aquellos de cuya sangre y simiente desciendo. De donde vienen mis ojos azules, mi genio pronto y vivo, mi caracter arisco y mi afición por los silencios oscuros. A donde me llama el hogar, si bien no es tanto un hogar como una sensación, un sentimiento. Igual que el mar me llama, una y otra vez, cada cierto tiempo siento el impulso de peregrinar al fin del mundo, donde no hay nada salvo verde, frío y calor de piedra, pan de leña y sonrisas de compañeros.
Miro a la playa y ante mi un grupo grande de gaviotas se cobijan, buscando calor, unas contra otras. ¿ Tan afuera os ha mandado la tormenta ? También yo soy una gaviota, pienso, y dentro de mi alma ansio volar libre y lanzarme en plancha al mar, perderme en su inmensidad y solo volver para ser recordado, siempre distinto, siempre igual. Un mar que es verde oscuro en Cádiz, azul cobalto en Canarias, gris acero en Ferrol, pero siempre, siempre es el mío. Hermano donde enterré mis sueños, a quién entregué mi corazón para que cuidara del peque y donde espero descansar algún día, comida de peces y recuerdo de amigos. Y que en días como este, cuando afuera haga malo y nos cobijemos en la playa, o la tormenta nos arrastre para vararnos cual viejos pecios, podamos sonreir y alzar la copa en memoria.

La noche se está cayendo. Y con ella cae el tiempo... El día, no sirvió de nada. Tarde de nubes sin agua.

Gracías por estar ahí los que aún estáis, y gracías por haber pasado los que ya no. Se os echa de menos, en este mar de dudas donde quisiera ser gaviota.
Sr Ale

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