miércoles, 10 de septiembre de 2014

Perdido lejos del mar


El tiempo pasa y el recuerdo de las olas deja un regusto amargo en el paladar. Noches pasadas en vigilia, pesados los parpados, tenso el mando. Los recuerdos se van perdiendo en la estela que queda, iluminada por una luna imposible de ver allí en tierra con tanta luz, incluso en la noche. Incluso en la noche...
El tiempo pasa y estás perdido, solo, asustado. ¿Qué fue de ti? ¿Donde está tu manada? Hace tiempo tenías manos duras que sabían a sal. Tenías faenas demasiado grandes que te bailaban y había bromas y gritos e insultos y sudor y cansancio. Hace tiempo... hace demasiado tiempo.

Ahora estás lejos del mar. Muy lejos. Y hablas por teléfono y manejas un ordenador y otro ordenador. A tu lado pasan galones muy grandes, que pesan mucho. Se toman decisiones muy grandes. La gente habla un idioma que no entiendes y una parte de ti, no pequeña, solo quiere volver a la vieja cuna de acero, a mecerte entre las olas y a escuchar cuentos desde la atalaya de tu sofá, parapetado detrás de un libro. A un tiempo más sencillo y a una gente más sencilla. A ser tu mismo, lo que quiera que eso signifique.

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