lunes, 22 de junio de 2009

Un aullido a la luna

Creo que todos lo hemos hecho tarde o temprano. Observamos al perro salir al patio, o asomarse a la oscuridad y aullar. Profundo, intenso, tierno, conmovedor. Algo que surge de su interior y retumba. El ser humano no hace sonidos parecidos. Necesitamos un grupo para sentir que nos estremezcan así, que nos sacudan. Hace un rato recordé un aplauso que escuché hace un año y pico que aún hace que se me salten las lagrimas un poco y se me quede una cara un poco rara.

Recuerdos. ¿ Es eso a lo que aulla el perro ? ¿ Un recuerdo ? No lo sé. Yo cuando veo a un animal expresarse de forma tan conmovedora creo que no tiene más motivo para hacerlo que el motivo de existir. Igual que un delfin retoza junto a un barco porque está en su naturaleza, un perro aulla a la luna porque siente que debe hacerlo. ¿ Para que más ? La vida se nutre a si misma, se canibaliza y se vuelve historia o arqueologia. Y entonces un buen día te levantas y te das cuenta de que nada tiene sentido, o que quizás todo lo tiene. Y que esos sueños que pegan a la puerta de tu consciencia son los que siempre tuviste, pero que nunca hasta ahora te has atrevido a ponerles caras. Y quizás no deberías hacerlo, porque ponerle caras es como decir un deseo en voz alta: el deseo se corrompe y nunca sale. ¿ Supersticioso ? Tengo familia gallega. No necesito decir más.

Creo que tengo ganas de aullar. Mañana es San Juan. ¿ Habrá magia en el aire ? No lo sé. Solo sé que es la primera vez que va a salir mi barco desde que estoy a bordo sin mi, y me siento huerfano y nostalgico. Y sé por lo que lo hago y sé que debo y... pero creo que mañana, cuando todo acabe, iré al mar y lanzaré mi aullido a ese mundo infinito que tanto me atrae. Por ellos y por mi. Porque soy lo que soy y hago lo que hago.

No hay comentarios:

Publicar un comentario