viernes, 5 de junio de 2009

Una cuna para un marinero

Cuentame, oscura compañera, porqué la noche no es mi amiga. Cuentame porqué me estremezco y ruedo por la cama, porqué mi lengua se seca, porqué mi garganta se aprisiona y mis brazos extrañan tu cuerpo. Cuentame, amiga secreta, que calida placenta de agua y acero extraño. Porque mis noches no saben igual sin el eco de la cadena contra el costado, sin el estremecerse de las taquillas y los susurros de mis compañeros, que intentan entrar en silencio sin conseguirlo. Porque el desayuno sin caras largas y gruñidos no sabe igual, porqué el sol no brilla tanto como en el puente. Porqué el silencio me exhaspera, extrañando el constante run run de los motores que suenan por todo el barco estés donde estés.
Quiero y no quiero. Es un amor imposible, hecho de melancolia y soledad y de cariño y olvido. Quiero enterrarme en tus profundidades y llegar a puerto para comprar cosas y despejarme, quiero vivir entre las insondables profundidades y el vacío de los puertos. Quiero subir al puente alto en puerto y chatear hasta no poder más, y bajar a la cubierta y charlar con los amigos que están pescando. Y luego quiero irme a la cama, a ese utero oscuro y profundo al final del sollado de seis, donde el Buda dirá alguna tontería y todos nos reiremos, donde las confidencias surgen con la mayor naturalidad y te sientes en tu casa.
Quiero dormir en mi cunita. Y cuando salga de ella, quiero que tu me abraces.

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